los amores de Agripina

Los amores de Agripina. ¿Cual Agripina? Agripina la joven (la menor), la hija de Marco Vipsanio Agripa y Julia, la hija de Octavio y Escribonia; hermana de Agripina la Mayor casada con Germánico, de Calígula y otros hermanos.
Podemos empezar contando que sus hazañas amorosas empezarían cuando perdió la virginidad con su hermano Calígula; su padre se incomodó tanto por esta eventualidad que decidió buscarle cómo fuera, lo más pronto posible, un esposo. Y lo halló, así no fuera el más idóneo por su fama y por se mucho mayor que la novia. Se trataba de Gneo Dominico Ahenobardo. Pero la situación tuvo una ventaja para la ambiciosa Julia Agripina. Cuando tenía 25 años la dejó viuda y rica, aunque con un menor de 3 años, el que posteriormente habrá de llamarse Neron.
Esta ardiente mujer no podía quedarse mucho tiempo sola, así que se procuró un amante, escogiendo a Marco Emilio Lépido, un tipo bien parecido, al que ya le había echado el ojo Calígula (quien era bisexual y se sentía atraído por su hermanita; no contento con esto le gustaba el tipo también). Intrigas van e intrigas vienen; Agrippa quería el poder para su hijo a como diera lugar. Y Calígula hizo asesinar a su cuñado. Fue enviada al destierro por no corresponder a su emperador. cuando este último fue a su vez muerto, Agripina regresaría y empezó a cazar a Salustio Crispo Pasieno, un patricio culto que solo le aguantó dos años, legándole su fortuna, además.
Ahora seguiría conquistar a su tío Claudio, el nuevo emperador, cosa que consiguió urdiendo todas las artimañas posibles. Hizo nombrar heredero a su hijo, por encima del hijo de Claudio (su primo, Británico)y ni corta ni perezosa hizo asesinar a su esposo para que Neron fuera erigido en emperador de los romanos, con la ayuda de su amante, el liberto Palas. Pero en sus últimos años se hizo amante del joven Galo Crepereyo. Y muchos decían que todo el tiempo había sido amante de su propio hijo.
Pues bien este ha sido el resumen de los amores de Agripina la joven.
Leer también: Amor y Oxitocina ; nos enamoramos ; feng shui para el dormitorio

Sexualidad y ascetismo

La sexualidad y el ascetismo, un tema sobre el que vale la pena decir varias cosas.

Vamos a los comienzos de la cultura. Sobre todo el sexo femenino, la sexualidad femenina se consideraba sagrada, así como la fertilidad, yuxtaponiéndose a la infertilidad y la asexualidad que eran consideradas lo más profanas posibles*. No era raro que nuestros machistas predecesores de tiempos idos, llegaran a considerar que la infertilidad era sinónimo de desnutrición y hasta de hambre (otro concepto con cierta semejanza pero distinto en otro sentido, del ayuno voluntario como vehículo para conquistar el yo físico y alcanzar nuevos estadios de iluminación y comunicación trascendente).

El carácter sagrado de la madre era más notorio en el periodo neolítico, cuando la primera agricultura se desarrolló y se homologaba a la tierra con una madre). Así mismo es notoria esta ligazón entre sexualidad y ascetismo (diría que religiosidad, lo sagrado o religión) en las sociedades arcaicas, cuando proliferaban y dominaban las diosas o divinidades femeninas, haciendo una salvedad: eran duales, puesto que encerraban dentro de sí las perspectivas de dadoras o creadoras de vida pero también como justicia y exterminadoras de vida llegado el caso.

El ascetismo no es una profanación de la sexualidad sagrada, sino una trascendencia sobre la condición humana normal, en términos de perfección, buscada en la dirección contraria, en la auto-negación de una necesidad fisiológica y cultural e inclusive en la negación de otros placeres de la vida como pueden ser comer y beber. Es reprimiendo la sexualidad (y canalizando esa poderosa energía en otro sentido), como el ascetismo reconoce esta dimensión sagrada. Por eso se valora tanto el ascetismo en las mujeres, cuando en realidad es más difícil para los hombres asumir esta condición.

*La infertilidad y la asexualidad podían estar ligados al frío, al peligro o al mucho quehacer diario o con la incapacidad fisiológica, sobre todo del varón.

Ver también:Sexo meditativoPene y taoismo I ching y sexo

I ching y sexo-amor-pareja

I ching y sexo, enseñanzas sempiternas de un clásico de la literatura mundial para los amantes y parejas que comparten su intimidad como culminación de su amor y como cumplimiento de vida.

Dentro del I ching se asume que el el hexagrama 63, chi chi, tras la consumación (arriba K’ an, el agua/mujer/nubes; abajo Li, el fuego/hombre/luz) o después del cumplimiento: literalmente el yin sobre el yang, un recipiente de agua hirviendo sobre la candela, donde el varón debe hacer que dure la flama y la leña que alimenta el fuego, pues de no ser así el agua puede quedar tibia; en los juegos amorosos según el I ching, se trata de lograr que una alta temperatura sostenida mantenga al líquido en constante ebullición. Si el fuego es intenso, el agua avanza y el fuego sigue; si el vapor es grande, el agua se agota.

Mirando la línea 2 del hexagrama leemos que la mujer pierde la cortina que cubre la ventana de su vehículo pero que siete días después la recupera: No es el momento de empujar; saber desistir ahora llevará más tarde a una justa realización.

I ching y sexo, un recordatorio que en las artes amatorias, al menos para los orientales y taoístas, es preferible un largo y prolongado orgasmo en pareja, que 30 segundos de felicidad no compartida.

Ver también:Los orígenes del i ching ; I ching introducción ; pene y taoísmo